Desde el Colectivo Juana Doña Arganzuela celebramos la decisión tomada en el último pleno de la Junta de Arganzuela el 9 de diciembre de 2015, en el que
se aprobó el cambio de nombre de la Calle Batalla de Belchite por el de Calle Juana Doña. Así conseguimos que se cumpla con la Ley de Memoria Histórica, ignorada y despreciada durante años, y se haga justicia a la memoria de Juana Doña, luchadora símbolo de nuestro barrio.
Juana Doña nació en Madrid en 1918, y dedicó toda su vida a luchar contra el franquismo y por el feminismo. Como la inmensa mayoría de sus compañeras y compañeros, durante la dictadura fue presa política, sufrió torturas, represión, la pérdida de seres queridos… lo que no consiguió doblegar su espíritu y detener su lucha. A pesar de su dedicación ejemplar a la construcción del común, su memoria y su trayectoria fueron silenciadas y encerradas en el baúl de la historia.
A propuesta de las y los vocales vecinos de Ahora Madrid Arganzuela, el 9 de diciembre se cambió el nombre de la Calle Batalla de Belchite, utilizada por el franquismo como propaganda antirrepublicana, por el de Juana Doña, mujer feminista y escritora. Calle histórica del barrio que albergó la Cárcel de Yeserías, donde tantos y tantas compañeras de Juana Doña fueron presas políticas, y el Centro Social Okupado La Traba hasta su demolición en 2014.
Como las y los compañeros
vocales recordaron en la Junta, es hora de hacer justicia. Es hora de acabar con décadas de olvido forzado: “cuando la amnesia es obligatoria, la memoria es revolucionaria”. Tenemos que
conocer y sentirnos orgullosas de nuestra historia, y recoger el testigo de tantas luchadoras. Debemos “convertir nuestra ciudad una ciudad de la memoria”. Nos alegramos también que al fin se
elimine toda la demás simbología fascista que queda en nuestra ciudad.
Como ya denunciamos en una
acción hace ahora un año, reivindicamos una ciudad feminista, construida desde abajo por y para todas y todos.
El callejero que tenemos es un fiel reflejo de la sociedad patriarcal y desmemoriada en la que vivimos: “no es que no existan mujeres que merezcan ser recordadas, es que una vez más los hombres han ocupado y copado el espacio público hasta controlarlo casi todo”.
Todo esto no consiste en olvidar la historia, sino todo lo contrario. Se trata de rescatar del olvido al que millones de represaliadas quedaron condenadas.
Se lo debemos: seguimos exigiendo verdad, justicia y reparación.